23 abril 2006

Ich bin ein Berliner

subido por susana aparicio


Monumento al Holocausto, Peter Eisenman. Berlín / Fotografía: Susana Aparicio


"¿Qué es lo que más te ha llamado la atención de la ciudad hasta ahora?" -me preguntaba Juan al otro lado de la línea. No me lo tuve que pensar mucho: "Sus vacios" -le contesté mientras miraba La Plaza de la República desde la cúpula del Reichstag.

¿Cómo describir los vacíos de una ciudad?, ¿no son sólo eso, vacíos?. En Berlín no, en Berlín sus vacíos estan llenos. ¿Llenos de qué?, llenos de impresiones: son vacíos en los que puede suceder cualquier cosa, vacíos llenos de escombros a veces, vacíos de tierra apisonada otras. En ocasiones nos encontramos con vacíos que evocan el Berlín de Wim Wenders, vacíos desolados en los que no se sabe a ciencia cierta que va a suceder con ellos ¿se convertiran en parque?, ¿terminarán la manzana?, ¿se construirá otro icono en él?...no, mejor que lo dejen así... vacío.
Sus enormes parques llenos de árboles todavía secos, sin hojas, hacen parecer la ciudad todavía más ahollada, más solitaria. Sus amplias avenidas abandonadas por las que apenas circulan un par de coches y que desembocan en grandes rotondas. La Mathäikirchplatz, un vacío en el que el Neue Nationalgaleri, La biblioteca de las artes, la iglesia evangélica de San Mateo, la filarmonica y la biblioteca del estado se encuentran dispersas sin un orden o relación que las una, que le de un significado a ese espacio... o quizas sea ese su fin: dar cabida a un conjunto de edificaciones, todas ellas de diferentes periodos sin una jerarquía, sin una linea a seguir, sólo están allí compartiendo un vacío que les pertenece a todas por igual... y al fondo se amontonan los edificios del Postdamerplatz

¿Cómo describir un vacío tan lleno de significado como lo es la ciudad de Berlín? Un vacío que incluso es el tema de del monumento al holocausto de Peter Eisenman: un vacío lleno de bloques, bloques grandes y pequeños, bloques rectos o inclinados, bloques colocados en una sola dirección. En él no hay diagonales, sólo puntos de fuga lineales, ondulantes. Caminos de una sola dirección en el que no sabes qué o a quíén te puedes encontrar detras de cada bloque. Cabezas aparecen y desaparecen detras de cada uno de ellos, cabezas con miedo al que pasará al doblar la esquina, al continuar por el camino de una sóla dirección. Y al final, a la salida, un alivio se apodera de ti, atrás has dejado un mundo gris y monolítico, un mundo sumido en la penumbra de sus sombras, un vacío en la historia.

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